¡Que nada te robe tu productividad!

¡Que nada te robe tu productividad!

Dedicas todo el día a una tarea: estudiar una materia, realizar un informe, terminar los pendientes del trabajo. Al finalizar la jornada te das cuenta que no avanzaste tanto como pensabas o que invertiste más tiempo de lo que querías y aún así no fue eficiente. Puede ser una mera percepción o una realidad, no importa, el sentimiento de ansiedad y estrés en la misma. Esa sensación se produce por invertir tiempo en tareas poco importantes o por dedicar tu atención a los ladrones de tu tiempo.

Es una realidad y nos pasa a todos, distractores que de alguna forma mágica logran desviar nuestro enfoque. De alguna forma podemos decir que no es nuestra culpa, es nuestro cerebro selectivo que decide a que poner más atención. Le produce más satisfacción o incluso menos tensión elegir ciertas actividades donde no se debe esforzar tanto. Pero no tiene que ser así, podemos ayudar a nuestro cerebro a anticipar estas tediosas situaciones. Esto se logra enfrentando el problema, identificando cuales son las vías de escape que utilizas como mecanismo de escape. 

  • Desorganización personal: al no organizarte pierdes mucho de tiempo decidiendo qué es lo siguiente que vas a hacer y cómo. Se eficiente en tu organización.
  • No saber decir no: la gente delega en ti o te interrumpe y tú no sabes negarte. De forma amable y respetuosa envía el mensaje que tu tiempo es valioso.
  • No saber delegar: “quien mucho abarca poco aprieta”. Aprende a confiar y a soltar. Solo tienes 24 horas en un día, delega aquellas cosas que alguien más puede hacer.
  • Objetivos confusos: al no tener claridad de hacia donde quieres ir, te vas a ver caminando en círculos y sin rumbo. Define claramente tus objetivos a corto, medio y largo plazo, y hazlo periódicamente. 
  • Interrupciones: son doblemente ladrones de tiempo, ya que no solo se contabiliza el tiempo que te quita la interrupción en sí misma, si no que se tarda una media de 15 minutos en volver a recuperar la concentración.
  • Aplazar tareas: usualmente las que menos nos gustan y dejamos para último momento. Hazlas cuanto antes y evitarás el estrés que genera al aplazarlas.
  • Correo, redes sociales y WhatsApp: ¿cuántas veces a lo largo del día consultas alguno de estos? Estar pendiente de forma compulsiva, y casi de forma automática, es el ladrón más grande de todos. Dedica tiempo específico (y acotado) para revisarlos.

Puede ser que te identifiques con uno o varios de los anteriores, así como es posible que tengas otros. Lo importante es reconocer que cualquier actividad que haga que te distraigas de lo que realmente tienes que hacer en un momento determinado es un ladrón de tu valioso tiempo.

Tener claro cuales son esos ladrones del tiempo y utilizar técnicas y herramientas que te ayuden a mantenerte enfocada en lo que realmente importa son la clave para que el tiempo sea más que abundante y eficiente en cualquier área de tu vida.


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